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El primer amor

 
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Autor Mensaje
Rudorik
Odinista


Registrado: 05 Sep 2008
Mensajes: 1617
Ubicación: Jaén/Granada

MensajePublicado: Mar Ago 28, 2012 5:12 pm    Título del mensaje: El primer amor Responder citando

Bueno, hoy me he sentido inspirado por Bragi y he escrito una cosilla jeje, espero que os guste.


Cuando estás despertando, en medio de una vida simple, llega un día en el que conoces a una mujer. Estabas dormido y en el acto despiertas, como un torrente de adrenalina que se libera a la vez en todo tu cuerpo. Como si empezaras a vivir en ese momento y todos los años de tu vida hasta ese momento hubieran sido sólo una preparación, sólo el calentamiento, el momento previo de lo que te acaba de pasar.

La ves preciosa, el deseo y la pasión se apoderan de ti como nunca antes. No la conoces, sólo sabes su nombre y has visto un par de fotos suyas, pero ya la amas con todo tu corazón, que ahora empieza a latir con más fuerza que nunca. Crees que no es humana, que es una valquiria que ha sido enviada para recogerte, pero después vas más allá, piensas que es la misma Freyja hecha mujer, que ha bajado a la tierra. En ese momento te da vértigo, te da miedo, pues eres consciente de que amas a una diosa, a una reina de otro mundo que ha venido a este. Es una dama que aparece como un ángel de amor en mitad de la oscuridad. Tu vida eran brumas y tinieblas hasta que ella te ha dado la luz, pero te ciega verla brillar de esa manera.

Casi no te atreves a mirarla a la cara, ves sus fotos y te aprendes de memoria cada centímetro de su rostro, como son sus ojos, cada curva de su cuerpo, y la deseas, la anhelas, nunca la has visto, pero cada noche sueñas con ella, despiertas embriagado de un deseo incontrolable, quisieras tomarla, besarla, tumbarla sobre tu lecho y sentir su saliva en los labios, que su boca te dé el aire que necesitas para respirar, y así, yacente junto a ti, hacerle el amor hasta que os fundáis juntos.

Es el amor más puro, el amor irrepetible, el que jamás vas a volver a sentir con tanta intensidad. En tu humildad miras a una diosa, crees que en efecto no es de este mundo, que es perfecta, que ya en otra vida os habéis encontrado, y las siguientes os volveréis a ver. La amas, no lo puedes evitar, pero piensas que nunca vas a poder tenerla, aunque nunca en tu vida has deseado tanto algo como deseas estar con ella en ese momento. Pasas las horas pensando en ella, no puedes concentrarte en nada más, todo lo que haces, incluso lo más insignificante, lo haces pensando en ella, ella pasa a ser el centro de tu vida, y aún no sabes nada de ella, más que lo poco que has conseguido averiguar en un par de conversaciones, en las que cada cosa que descubres te gusta más. La consideras inalcanzable, la gente te dice que es muy difícil… pero no vas a rendirte, no puedes hacerlo, rendirse es lo que haría un cobarde y tú no lo eres.

Piensas que no vas a tenerla nunca, pero no por ello vas a dejar de luchar, porque ahora estás vivo, ella ha hecho que te despiertes, que por primera vez en la vida tengas totalmente claro lo que quieres, que no es otra cosa que estar con ella. Quieres luchar hasta la muerte por conseguirla, aunque pierdas la salud y la vida en el intento, si hace falta desangrarías por ella tu corazón, pues por ella late, y a ella va la sangre y la vida que de tu alma se irradia.

Tu única misión en la vida, lo único que mueve lo que haces, es tenerla, alcanzarla, aunque sea rozarla, como se roza a una estrella, aun sabiendo que su calor y su luz pueden matarte. Es una diosa, y tú un simple mortal, pero aprendes que incluso un mortal puede alcanzar a una diosa, besarla, tenerla y dormir una noche en el Vingolf junto a ella. Piensas que ella puede tener a quien quiera, que hay hombres mejores que tú, más guapos, más inteligentes… así es que la única posibilidad que tienes, la única manera de conseguir que te elija a ti entre todos los demás, es darle algo que sólo tú puedas darle, algo que nadie más le pueda ofrecer, algo que haga que tú, un simple mortal, se ponga a la altura de una diosa como ella.

No paras de pensar en qué puedes darle que nadie más pueda, y al final cierras los ojos y escuchas a tu corazón, entonces te das cuenta. La quieres, la quieres más de lo que nadie va a quererla jamás, la amas con todo tu corazón, darías la vida por ella, no puedes vivir sin ella, porque sólo cuando la has visto a ella, has empezado a vivir. Es tu motor y tu luz, piensas que todo gira en torno a ella, que lo atrae todo de la misma forma que tú, irresistiblemente, te ves atraído por ella. Así es que la quieres, la quieres por encima de todo, por encima de lo humano.

Esa es tu fuerza, ese es tu poder, el amor, un amor increíble, sobrehumano, la quieres por encima de este mundo y de los Nueve Mundos. Si el amor fuera tangible, si pudiera verse y tocarse, el que tu sientes por ella trasciende a los confines del cosmos, trasciende a la realidad, la quieres más allá de la vida, la quieres más allá de la muerte, la quieres más allá de la eternidad. Si el amor pudiera verse, incluso en el fin del cosmos, más allá de las copas del Yggdrasil, aún se vería el amor que sientes por ella, porque es más grande. Y así es como tú, un mortal, ha sido capaz de crear un sentimiento que trasciende a la eternidad, trasciende al mayor de los deseos. Un amor tan fuerte, que sólo se puede sentir una vez, que puede matarte y apunto está de hacerlo, pues tú, una pequeña e insignificante porción del universo, has creado una fuerza divina más grande que el propio cosmos.

Ese amor te embarga, te eleva, te hace levitar, puedes volar y para poder alcanzar a tu diosa, casi te has convertido tú en un dios, pero no lo sabes. Llega el día en el que por fin la alcanzas. Una noche fría, de invierno, caminas junto a ella, y en un momento os quedáis parados, os miráis, y ella te coge del cuello, con una dulzura que jamás habías visto, y sella tu destino con un beso eterno que hace que en mitad del invierno tu sientas que en esos escasos centímetros donde estáis parados, es primavera. La Luna llena os observa, Freyja te sonríe, por un momento ves el rostro de la diosa cuando besas a esa mujer, y su brillo te atrapa para siempre.

Al fin estás con ella, llegas a tu casa, y aún sientes sus besos, su impronta inmortal, y te tocas los labios, porque te parece que aún están los suyos sobre ellos. Te duermes con la mayor sonrisa de tu vida, abrazado, casi llorando de emoción, a las sábanas, notando aún su olor, su esencia, escuchando su voz… que ya nunca te abandonarán, que siempre llevarás contigo. El problema es que para alcanzarla te has convertido en un dios, pero no eres consciente, sigues pensando que eres mortal y no estás a su altura.

Piensas que será eterno, y durante el tiempo que estáis juntos, el tiempo se para, pero al final, sufres la amarga derrota de perderla. Sientes como si te la arrancaran, como si te quitaran la vida, como si te quitaran el alma, como si ese amor eterno que era más grande que el universo, hubiese explotado, y volviese ahora contra ti. Es como un rayo que te impacta directamente en el corazón, a miles de kilómetros por hora, te traspasa y sientes el mayor dolor de tu vida. No entiendes como una diosa del amor puede causar tanto dolor, y la naturaleza que había verdecido en pleno invierno, se vuelve mustia y muere, la tierra vuelve a llenarse de tinieblas, y llorarás durante meses y años lágrimas de sangre por la diosa que has perdido.

En ese momento desciendes desde el Vingolf donde estabas hasta el pozo más profundo de Hela, te sientes muerto en vida, y miras hacia arriba llorando. Pero ahí, en lo más profundo de Hela, la diosa de los muertos te cuida, te dice que aún no ha llegado tu momento de visitarla, el gélido aliento de Hela te dice que no es tu momento, y vuelves a la vida, vuelves al Midgard, herido y postrado, pero aunque en ese momento no lo sabes porque no lo parece, estas vivo. Te sientes derrotado, vencido, sientes que no eres nada, pero en el fondo eres casi un dios. Has sido capaz de crear un sentimiento tan fuerte como para elevarte a los confines del cosmos con él, algo tan puro e imperecedero que ha trascendido la vida y la muerte, algo tan fuerte que te he elevado a la altura de una diosa.
Ahora te sientes débil y hundido, pero en el fondo, ese sentimiento tan poderoso se ha lanzado contra ti. La mayor fuerza de la naturaleza en su máximo esplendor, un poder que iba incluso más allá de la propia naturaleza, ha sido creado por ti y ha vuelto contra ti, pero no te ha matado. Has recibido el mayor de los golpes pero has sido capaz de morir y volver del otro lado. Tan profundas están ahora tus raíces, que el árbol que nacerá de esta tragedia, será el más fuerte y robusto de cuantos puedan existir, inamovible, invencible, como tú.

Te resignas a perder a tu diosa y luchas por recuperarla, por volver a levantarte, por crear una fuerza aún más poderosa que la que habías creado anteriormente. Podías haberte hundido, pero preferiste luchar a pesar de que nadie o muy pocos confiaban en tu victoria. Luchaste, contra todo y contra todos, te levantaste aunque tus piernas flaqueaban, luchaste y agarraste a la vida aunque sentías que ya estabas muerto, por ganarle la partida una vez más a la muerte, y el amor eterno llegaba al extremo de la locura, liberando toda tu energía hasta vaciarte por ella.

Durante años no quieres besar a otra mujer, porque no quieres que nadie borre sus besos. Finalmente no consigues volver con ella, pero en el camino te has vuelto más fuerte que ningún otro mortal, has perdido la guerra pero has ganado todas las batallas, y has luchado hasta el final, hasta más allá del final, porque la amaste hasta más allá de la vida.
Pasados los años vuelves a besar a otra mujer, porque te das cuenta de que los besos de tu amada no estaban en tus labios, sino en tu corazón, y de allí nadie podrá borrarlos nunca. Ella ha perdido el brillo, ha perdido esa luz tremenda que tenía cuando la conociste y entonces te das cuenta de que ella no era una diosa, era mortal como tú, que no era Freyja, Freyja había vivido en ti, te había dado la fuerza y el poder sobrehumano de quererla de esa manera, y comprendes porque la Reina de los Vanes es a un tiempo diosa del amor y de la guerra, porque apenas hay diferencia entre uno y la otra. Finalmente comprendes que esa mujer era mortal, y que tal vez ella ha perdido más que tú, pues ha perdido a un hombre capaz de elevarse como un dios solo por quererla, a una persona capaz de morir y volver a la vida sólo por besarla una vez más, al hombre que más la va a querer en su vida.

El tiempo pasa y vuelves a enamorarte, pero jamás vuelves a querer a nadie de esa forma, de una manera que podía haberte destruido, que te mato y te hizo volver del otro lado. Cuando pasan los años, ese amor ardiente que sentías por esa mujer, se vuelve cariño, ternura… pero la has querido tanto, y más que la hubieras querido, si tan sólo hubieras tenido unas horas más con ella, que nunca la olvidarás. No le pediste nada a cambio, no sabes que sintió ella por ti, y a estas alturas ya no importa, simplemente sabes que no vas a olvidarla jamás. Un día, tal vez, alguien rompa el hechizo que aún perdura, pues el último beso de amor se lo has dado a ella, tal vez ese amor juvenil que fue tu primera manzana de Idunn, puede volver a rejuvenecerte, pues a pesar de que eres joven, te sientes cada día más viejo sin ese amor que te daba la vida.

Después de sufrir, de haber perdido, has sobrevivido, sigues vivo, el Sol ha seguido saliendo, la Tierra ha seguido girando, y ahora tienes una fuerza mucho mayor que entonces. Por eso ahora deseas que vuelva a aparecer una mujer a la que puedas amar, que vuelvas a tener la oportunidad de quererla como quisiste a la primera, te sientes con fuerzas para volver a derrotar a la muerte si hace falta, para echarte en manos de Freyja sin importar el éxito o el fracaso, pero a diferencia de entonces, ahora tienes miedo. Quisieras superar ese miedo, el miedo a la muerte, el miedo al fracaso, el miedo a la derrota y al dolor… sabes que sino tuvieras miedo, podrías volver a volar con el manto de halcón de la diosa que una vez te llevó a los confines de la existencia, que si antes fuiste capaz de amar de esa forma, podrías volver a hacerlo, sólo necesitas una mujer capaz de despertar todo eso en ti. Los restos de ese amor que aún quedan en ti, son el amor propio que antes te faltaba.

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hugo
Odinista


Registrado: 22 May 2011
Mensajes: 16
Ubicación: cancun,q.roo mexico

MensajePublicado: Mie Ago 29, 2012 1:56 am    Título del mensaje: Responder citando

No hay palabras para describir lo perfecta que has escrito, parece que todo lo que pusiste describe lo que yo hace poco tiempo viví y por eso te agradezco..... Ok
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Solo muerto mi cuerpo se arrodillara, pero mi voluntad jamas
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